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El sistema ferroviario en México: rezago operativo frente a su potencial logístico

Escrito por: ALSURESTE

En un momento donde la eficiencia logística define la competitividad de las empresas y de los países, el transporte ferroviario vuelve a tomar protagonismo. Sin embargo, mientras en Estados Unidos es una columna vertebral del sistema logístico, en México sigue siendo una alternativa con gran potencial… pero aún lejos de su máxima capacidad. La pregunta no es si el ferrocarril es relevante, sino por qué México no lo está aprovechando al nivel que debería.

En Estados Unidos, el sistema ferroviario de carga no es complementario: es estructural. Grandes operadores como Union Pacific o BNSF Railway movilizan millones de toneladas al año, conectando puertos, centros industriales y zonas de consumo con una eficiencia difícil de igualar. El ferrocarril permite mover grandes volúmenes a largas distancias con costos significativamente más bajos que el autotransporte, con mayor previsibilidad y una integración logística sólida entre puertos, centros intermodales y parques industriales.

México, por su parte, cuenta con una red ferroviaria operada por concesionarios como Ferromex, Kansas City Southern de México y Ferrosur, que conecta puertos clave, zonas industriales y la frontera norte. Sin embargo, su participación en el movimiento de carga sigue siendo limitada frente al autotransporte. Esto responde a una combinación de factores: menor densidad de red, infraestructura intermodal insuficiente, alta dependencia del camión y una integración operativa aún débil entre los distintos actores de la cadena logística. Aun así, el potencial es evidente, sobre todo en un contexto donde el nearshoring está redefiniendo los flujos logísticos en Norteamérica.

Para las empresas que logran integrarlo correctamente, el transporte ferroviario representa ventajas estratégicas claras. Permite reducir costos logísticos de manera significativa en trayectos largos, aumentar la capacidad de movimiento de mercancías sin saturar carreteras, disminuir el impacto ambiental al emitir menos CO₂ por tonelada transportada y, en ciertos corredores, mejorar la seguridad del traslado. Además, se vuelve especialmente competitivo en distancias largas, donde el autotransporte pierde eficiencia relativa.

El reto en México no es únicamente de infraestructura, sino de integración. No basta con tener vías y trenes disponibles; es necesario que las empresas incorporen el ferrocarril dentro de su diseño logístico. Esto implica desarrollar esquemas intermodales eficientes, crear centros de transferencia funcionales, ajustar la planeación de inventarios y adoptar una visión más estratégica sobre tiempos de tránsito y costos. En muchos casos, también implica cambiar la lógica operativa: pasar de la urgencia del camión a la eficiencia del tren.

El fenómeno del nearshoring abre una oportunidad clara para México. El crecimiento de la manufactura orientada a exportación hacia Estados Unidos demanda soluciones logísticas más eficientes para mover grandes volúmenes hacia la frontera. En este escenario, el ferrocarril puede convertirse en un habilitador clave, especialmente por su conexión directa con el sistema ferroviario estadounidense, permitiendo continuidad operativa desde planta hasta destino final.

México no parte de cero. Tiene infraestructura, operadores y una ubicación estratégica privilegiada. Lo que falta es consolidar el uso del ferrocarril como una verdadera palanca de competitividad. Mientras en Estados Unidos es la base del sistema logístico, en México sigue siendo, en muchos casos, una alternativa secundaria. Y ahí es donde está la oportunidad. Porque en un entorno donde el costo logístico, la capacidad y la sostenibilidad pesan cada vez más, el transporte ferroviario no es el futuro, es una ventaja competitiva que México aún no termina de aprovechar.

Escrito por: ALSURESTE